25 de marzo de 2010
LA CANCIÓN QUE ESCUCHO TODOS LOS DÍAS EN MYSPACE
31 de enero de 2010
DIOS
Había tenido un día horrible. Lo único que anhelaba era llegar a mi casa del piso 7 y echarme una inmensa siesta. Y eso fue lo que hice. Solo necesitaba un poco de silencio, y algo de soledad para soportar la melancolía que llegaba otra vez repentinamente. Cuando salí del ascensor sentí una especie de alivio, como si de alguna manera hubiera algo esperando detrás de la puerta numero 7. Pero no fue así. Así que tome aire y giré dos veces la llave, no había nadie, y eso me dio cierta felicidad, y luego también algo de tristeza. Me saqué la remera blanca que llevaba desde hacia días sin sostén, y decidí que necesitaba un baño. Me quedé largo rato bajo el chorro de agua fría, y recuerdo que otra vez maldije no tener senos más grandes. Luego me metí en la cama. Estaba suave y blanda, como me gustaba. Y pensé en agradecerle a alguien por un momento así, en el que sentía tanta felicidad de repente, pero no supe a quien, así que simplemente me dormí.
Cuando me desperté todo estaba en su lugar, y vi que la cortina se movía un poco. Me levanté sin vestirme y fui hasta la ventana, sentía algo de curiosidad. Me quedé ahí mirando todo, la gente fumando, los autos, y el cielo que estaba de un color estupendo. Tomé una fotografía mental de ese momento, para recordarlo más adelante, porque sabía que lo iba a necesitar, para cuando me pusiera triste otra vez.
No se cuanto tiempo me pasé en la ventana, no es importante. Pero después decidí que tenía que salir, buscar a alguien. Y pensé en visitar a un amigo, pasarme por su casa a charlar y ver alguna película. Me pareció un buen plan, así que salí. En la calle todo el mundo estaba apurado, y eso siempre me ponía odiosa, pero no tenía ánimo para deprimirme por eso. Caminé algunas cuadras bajo la lluvia, no lo mencioné, pero del cielo ese estupendo que había, caían algunas gotas tibias que no le hacían daño a nadie. Solo se estrellaban en el asfalto y formaban montones de charquitos de agua sucia. Caminé montones de cuadras, calles, vi dos o tres vagabundos que estaban mirando el mundo, atentos, como si se tratara de una película de Dios. Y me pareció que eso estaba bien.
Cuando llegué hasta la casa de mi amigo, otra vez me invadió esa tristeza, como una bruma que llega de repente. Y no tuve valor para llamar. Así que hice lo único que podía hacer en esos momentos. Caminar. No sabía donde ir, solo sabía que no quería volver a mi casa, y mucho menos buscar a otra persona, no quería pasármela con ninguna persona.
Recorrí todas las calles que pude, buscando, buscando locamente, no sabía que, pero algo tenía que encontrar. Llegué al parque. Sabes cual. El enorme parque con bosques y aves nocturnas. Donde pueden verse las nubes resplandecer en el cielo negro. Por suerte no había nadie, lo tenía todo para mí. Sabía que no se podía nadar, pero no me importaba, así que me saqué la ropa y me metí en ese gran charco salpicado de gotas de lluvia. Me quede ahí acostada, flotando, queriendo ser más pez, más ave, más nada. Y entonces me dije que era un buen momento para usar la fotografía mental, pues me sentía triste. Cerré los ojos e intenté ver esa imagen, los colores, los sonidos, el humo que salía de la gente, intenté perderme en ella, ser parte de ella. Y también quise hundirme en el agua. Y eso hice. No tenía otra cosa que hacer.
8 de septiembre de 2009
CAMUFLO
Escribo estas letras porque eventualmente todos vamos a morir. Porque hay muerte, donde sea que miro, me invade un terror espeso que se apodera lentamente de las pocas imágenes de mi destino. No obtengo nada, absolutamente nada. Nada deseo mas la soledad misma que me acompaña en este viaje.
Este camino cargado de imágenes, sonidos aleatorios petrificados en la demencia oscura de la memoria.
Recuerdo a mi padre caminando por mi ciudad natal, las luces bajas de la calle, él hablando lentamente. Mi padre, caminando como una sombra por los rincones de mis sueños. Mi padre, que ha muerto, que duerme bajo un sauce joven, por toda la eternidad. Que destella la esencia de su alma como lluvia por el cielo, que me mira en las noches de bruma. Mi padre, contando los innumerables días del fin de los días, perdonando su soledad como tal vez ha perdonado la mía. Haciendo de las suyas en el aire húmedo que rodea mi casa, mi patio seco sin perro.
Reviso los cuadernos, las hojas amarillentas que evidencian rastros de una vida mejor. Luego los dejo, no me siento en gana de melancolía. Luego el silencio y la vida diaria, la ropa sucia que crece en montoncitos cerca de la cama y de la ventana tratando de invadir el ambiente, pero no. Ahora no.
11 de agosto de 2009
SUEÑO DE LA MAÑANA DEL CENTENO
21 de junio de 2009
LLUVIA
Me había quedado dormida, y supuse que el sonido que entraba por mi oído derecho, era de la ventana oeste, la que da a la calle. Pero cuando abrí los ojos, noté que la ventana estaba cerrada, y entonces me acomodé para dormir un rato más, para quedarme soñando toda la tarde, para tener algo que hacer. No sabía si tenía frío, porque era algo que ya no me preguntaba, como una sensación que había dejado de sentir, como el dolor, el miedo y el odio. Entonces vino el sueño, y también la pesadilla. Y todo era hermoso, y la música aparecía, y luego se iba, junto con la imagen y el viento que mezclaba el olor a lluvia con los pasos que salían de los zapatos sucios. Las gotitas caían en el río, y había miles de peces que tenían miedo de salir, de asomarse a mirar la vida del otro lado. Entonces miraste fijo la enorme masa de agua marrón, toda agitada, y pensaste que tal vez podíamos quedarnos un rato más, que tal vez no era nada peligroso. Y nos quedamos hasta la tarde, hasta que la lluvia se hizo finita, y casi no hacía ruido sobre el agua. Y debió ser un momento hermoso, porque no lo recuerdo, porque casi nunca registro los ratos hermosos. Nos tiramos ahí, en el pasto húmedo, lleno de bichitos que yo no conocía. Y el cielo estaba de un color muy extraño, tirando las lágrimas a la tierra, con desgano, como si fuera parte del día. Yo miraba todo, quería entenderlo todo, quería cargarme de todas esas imágenes, esos olores, esos silencios que me dabas siempre. Y de pronto ya no hubo más peces, y casi era de noche. Y dijiste que era hora de irse, de volver a la casa. Y nos pusimos los zapatos mojados y nos fuimos, y dejamos atras, la lluvia y el río agitado por las gotitas. Y nos llevamos el silencio.
8 de mayo de 2009
subte B
9 de abril de 2009
MIDNIGHT BUMBS
Supongo que él estaba ahí, simplemente quieto, viendo con los ojitos negros en la luz amarillenta. Y me había resultado molesto pensar en la noche, en la salida, en los amigos, y entonces me tiré a leer, y me di cuenta que en realidad la pasaba tanto mejor, estando ahí, de cara a la ventana este, con el librito en las piernas. Y toda la situación se hizo tristísima. Porque cada vez más prefería estarme quieta, sola con el libro, y los amigos y las personas en general me resultaban molestas, casi insoportables.
Y entonces leí algo que hubiera querido sentir, que hubiera querido compartir, pero nada más lo escribí, como para saber que alguna vez alguien había pensado el mundo de una forma hermosa.
“…somos como dos animales que se refugian en sus agujeros oscuros y cálidos y viven a solas sus dolores…”
Pero en este caso no hay dos animales, sino uno solo. Y la verdad eso también me había entristecido. Porque de alguna forma ya no había nadie a quien contarle esas visiones, esos sentimientos existenciales.
Y en mi mente creía que todos esos bastardos a los que odiaba, se lo merecían. Aunque ya estaba harta de odiar, de despreciar a todos esos pobres infelices. Entonces lloré más, como un océano, para nadar y escaparme.
Después de eso seguro me dio sueño, y quise ir a dormir, a soñar con esas cosas horribles que siempre tengo en la cabeza. Esas cosas que solo se van cuando la noche es calma y el café riquísimo. Pero esa noche no había ninguna de las dos. Solo estaba el foquito de 60 W y el sonido programado de la heladera blanca-manchada. Y el insomnio que me hacía dibujar estas letras brutas en el cuadernito que a veces también uso para hacer dibujos de una vida mejor.