10 de junio de 2011

CAPITULO 1. NADIE SABE QUE ESTÁ AHÍ.

Medianoche. El viento helado con migajas de cenizas da silbidos aleatorios que se parecen a la banda sonora de algún dibujo animado de Disney. Yo me pregunto porqué no hay casi ningún sonido afuera, e instantáneamente me respondo que tal vez es uno de esos momentos en los que la vida se detiene para darnos algún obsequio. El silencio de esta medianoche llega como una ultima esperanza. Y entonces uno casi no debe preocuparse por pertenecer a la case media-baja y tener que soportar la vida diaria, los autos, los malos olores y el sentido común de quienes no tienen más que eso. Llega para que uno pueda pasarse el rato, mirar videos, tomar café y habitar despreocupadamente porque sabemos a ciencia cierta que mañana no estará.
Resulta demasiado triste y real. El silbido agudo del viento, la tormenta, el frío del otoño, algunos insectos tratando de aparearse… toda una secuencia de acontecimientos que nos ignoran, que nada más suceden porque existe un equilibrio insuperable que simplemente está ahí, aguardando que todo suceda. Y uno se tiene que conformar con las pantuflas, con ir a dormir y que las sábanas no estén lo suficientemente frías, con mirar el cielo y saludar a tu padre.
A veces todo eso parece suficiente. Simplemente saber que mañana todo estará ahí. Tal como lo dejaste.

2 de febrero de 2011

UN HOBO ME LO HA DICHO.

No se que ha pasado. De repente se siente bien. Supongo que el verano está teniendo algo de piedad, y me deja pasar los ratos, pensar... algo así. Mirar el cielo repetidas veces y creer felizmente que aún sigue ahí. Aguardando fielmente a que algo suceda. Cualquier cosa.
No se que ha pasado, ya no tengo miedo de pensar donde podría encontrarme cuando todo se acabe por completo. Cuando las especies dejen de evolucionar, cuando Coca Cola no exista más.
No se que es lo que ha pasado. Hoy he creído. Hoy he sentido esperanza, y estaba ahí, la he visto, o algo así.

8 de enero de 2011

CAPITULO 0. TAN REAL COMO EL YOGUR.

Evoco recuerdos. Luego tal vez me disculpo amablemente y me levanto por una taza de café, la primera del año. Veo un enorme parque, robles y álamos que parecen espíritus de otros bosques que están aquí para salvarnos. Que son los amigos del universo, los viajeros desconocidos que nos guían por la ruta hacia cualquier otro territorio algo más prometedor. Recuerdo esos gigantes, recuerdo la hierba húmeda y el rocío del verano en forma de gotitas cristalinas, recuerdo el silencio frente a la espesa oscuridad que rodeaba todo ese hermoso mundo silvestre. Y luego la medianoche. El ritual espontáneo de quedarse de pie, como agudizando el oído para recibir, con ciencia cierta, otro día más. Tal vez el primero.
Y todo eso lo recuerdo, porque tenía 9 o 10 años. Y porque todos los buenos recuerdos van alcanzando un lugar privilegiado dentro del bolsillo prohibido de la memoria que ya parece estar repleto y ahora ningún recuerdo alcanza los méritos suficientes para merecer su estadía.
Hoy no hay más recuerdos.
Afuera, en esta pequeña ciudad quedan algunas impresiones sonoras de festejos inconcientes de habitantes alegres. Sí, festejos, aunque me lo pregunte una y mil veces. Festejos. Nadie sabe porqué ni como pero los habitantes festejan.
El vientito de los 27 grados sopla y revuelve y anima todas las nuevas esperanzas que uno no se atreve a admitir estando sobrio. Porque muchas veces son demasiado cursis, demasiado reales, demasiado siniestras para admitir. Y prefiero mentir algún deseo, tomarme el resto de la sidra, parecer un buen ser humano. Esconder las palabras como esconden todas las maravillas algunos de esos volcanes en Islandia, y sentirse merecedor y temeroso de esas tierras blancas, frías, abismales, solitarias. Y no se porque pero le permito a mi memoria dar vueltas y saltitos y tomar altas dosis de líquidos inofensivos que me preparan para combatir con el mundo exterior. El de la vida real.
Y luego tal vez soy parte de alguna de esas noches en las que todo sucede demasiado deprisa y me pregunto que estoy haciendo, porque lo estoy haciendo, y le dejo lugar a las incertidumbres porque habitualmente se las arreglan mejor que yo. Y el camino de vuelta es más lento de lo que esperaba porque no hay nada esperando al final.
El cuerpo algunas veces no puede soportar todas esas historias que te mantienen vivo. Y pienso que tal vez debe ser así, el envase simplemente no viene preparado para estar despierto lo suficiente.

13 de diciembre de 2010

VERANO VIENTO MI PERRO

Bueno. Me he pasado el día en el ordenador. Afuera, del otro lado de mi ventana, los rayos UV de sol de las 4 comunican desganadamente que es hora de otro café. El numero 3, o 18. Que es la hora de saludar nuevamente al perro. Decirle que lo amo.
Me paro un instante, y trato de recordar algo. Pero afuera, en el mundo real, hay demasiado ruido de autos y motores y gente que no escucha. Y olvido lo que quería recordar.
Hace calor. Y cada año cuando llega el verano, me acuerdo de mis pantalones cortos verde agua de cuando tenía 6 o 7 años. Eran unos pantalones hermosos. Completamente de algodón, suaves, ligeros. Como si los hubiese cosido Dios con sus finas garras. Mi mamá los dejaba con un perfume inolvidable cada vez que los sacaba de la lavadora. También, a veces me acuerdo de algunos helados, mi bici verde-marrón-amarillo (no recuerdo bien el color), la calle de mi casa que era de tierra, el sol en el patio, la pelopincho enorme de mi abuela, que nunca supe porque, pero era amarilla, los paraísos de la vereda, mi hermano comiendo una naranja, mi piel reseca por el polvo y el sol, mi padre arreglando algo, la casa, mi vida.
Hace calor. Pero puedo soportarlo. Puedo soportar este planeta, el amor que no llega, la melancolía de los viernes, ser pobre. Puedo aguantarlo. Puedo rezar y tener esas nubes arriba, en mi cabeza, lloviendo casi siempre. Volverme suave, mujer, que se yo. No, eso no puedo.
He intentado cantar toda la tarde pero solo me salen las melodías tristes del viejo Bob, y lo siento, pero no quiero cantarlas así. Le pregunto a mi amigo algo, y siempre me hace reír con cualquier cosa. Y me río, porque a veces me sale muy bien.
Me tiro a pensar, a dibujar esos días preciosos que nunca llegan, a contar monedas en la plaza, poner discos viejos, de viejos hermosos, leer poemas de Kerouac, comprar libros usados de Coupland, tomar la leche, ir al museo donde hay aire acondicionado, ver a VyV, dormir sin mosquitos.
No se porque, pero las pesadillas casi se están esfumando. Le pertenecen al Otoño, a las hojas secas que silban alguna canción que no conozco.
No se porque, pero casi recuerdo lo que había olvidado. Casi puedo ver entre la niebla ese mensaje que debía guardar. Las palabras, diciendo cualquier cosa. El verano, la pasajera tranquilidad de nuestro verano.



15 de noviembre de 2010

NICK DRAKE CRYIN´ON MY STEREO

Hace días que todo se ha vuelto terrible. El cielo, las pesadillas en mi cabeza, la soledad diaria. Hace días, tal vez meses, no se cuantos. He querido decírtelo, pero, no lo se, tal vez no.
He pasado el peor invierno, las noches más oscuras, los días más grises. Nada ha cambiado. He querido estar feliz, pero, tal vez no.
Mi corazón es una heladera vacía, o la alacena. Roto. Frío. Que se yo. No importa.
He sido un fracasado. He caminado como un vagabundo por el bosque en un grito desesperado, hasta el cansancio. En una lluvia espantosa. Y no he llorado. Bueno, tal vez… un poco.
Dios no esta de mi lado. Yo no estoy de mi lado. Soy la captura de un instante que no dura nada.
Soy un perdedor. Soy un caminante londinense que no tiene donde dormir, y la lluvia cae y no lava los zapatos. Ni la cara. Soy un fragmento de alguna canción tristísima que aún nadie ha escrito. Soy un pájaro de mal agujero, de mal genio, del mal.
Voy navegando en un mar y niebla y truenos monstruosos y no hay nada. El abismo. Una taza de café. Una galletita. Las ganas de nadar. Nadie.

8 de septiembre de 2010

PALABRAS PARA MI HERMANO UN DIA VIERNES

Tal vez sientas el corazón endurecer,

Los músculos tensos,

La mente sangrar, y los ojos enrojecidos,

Tal vez pienses que todo es demasiado poco,

Demasiado duro,

Demasiado injusto,

Demasiado abrumador

Y todos estos momentos se hacen minutos eternos en tu cabeza,

Y todos los días llueve sobre tus hombros,

Y debes cargar con la lluvia pesada,

Y también con las nubes, y relámpagos enfurecidos.

Tal ves el camino es angosto,

Y no hay lugar donde descansar tus huesos doloridos,

Que ruegan por una cama cálida,

Una taza de café,

Aunque no lo entiendes,

Aunque vez el mundo y no lo comprendes,

Ves las mentiras, las caras, los hospitales,

Los bares, las oficinas, y todo eso no importa nada,

Nada de eso devuelve tu risa, ni tu cielo azul.

Vas caminando y llegas a tu casa llena de extraños,

Extraños que invaden, hablan, opinan, y nunca escuchan,

Nunca aprenden el silencio ni los buenos modales,

Nunca entienden que no importan los autos caros,

Ni los maquillajes de todos los días,

Ni la ropa,

Ni las apuestas.

Pero un día ves a tu lado y ya no están,

Se esfumaron junto con sus charlas y mentiras.

Y das gracias a dios.

Le pides no regresar.

Luego miras en tu bolsillo interior,

Encuentras algo de verdad ,

Algo más para continuar,

Encuentras a tu padre escuchando la radio,

Enseñandote a nunca mentir, ni engañar,

Encuentras a tu madre besando tu frente,

Poniendo ropa perfumada en tu bolso.

Y todo en realidad se vuelve más simple,

La vida, las noches de verano frente al río,

Las cenas y meriendas, los amores pasajeros,

Las aves en la mañana, los sueños, las puertas que se abren

Y te muestran los pensamientos en tu cabeza,

Los sueños, los abrazos, los gritos,

Y silencios que te hacen único en este mundo,

En este viaje, en este mar azul eterno.

Y luego vas a tu cama,

Apagas la luz,

Y sabes que solo fue un mal rato,

Un pequeño instante que se demoró algo más.

***

26 de agosto de 2010

LOS OTROS QUE NO SOMOS NOSOTROS.

En la casa donde vivía siempre me quedaba viendo por la ventana del piso 7 la gente que paseaba por la calle, todos se veían horribles, iban dando tumbos, apurados, intentando encontrar un lugar en aquella ciudad. Pero a mi me tenía sin cuidado, me divertía la desgracia ajena, así que me pasaba el rato tendida hacia la cara sur de la casa sin hacer nada, algunas veces encendía un cigarro imaginario y soltaba bocanadas de humo invisible para tener algo que hacer, porque yo en realidad no fumo, nunca. Pero la mayor parte del tiempo me la pasaba mal, me aburría y jugaba con el cachorro blanco que me acompañaba desde hacia un tiempo. Era un cachorro bastante inusual, tenía unos ojos muy pequeños, negros y brillantes, y se quedaba horas siguiendo alguna pelusa viajar por el techo, a mi me resultaba maravilloso, así que me pasaba todo el rato con el, discutiendo temas existenciales en un silencio fiel. Otras veces salíamos a pasear animados y pasábamos, obligadamente, por el parque.
Una vez salimos a caminar, el cielo estaba de un gris espeso, y yo sabía que en algún momento rompería a llover, pero aún así, decidimos salir, cuando llegamos al parque solté a mi perro que estaba ansioso por saludar a sus amigos y yo me senté bajo un tilo que tenía las hojas muy pálidas y enfermas, hacía un frío horrible, de esos que te llegan al hueso, así que metí las manos en los bolsillos y me puse a mirar alrededor, había un viento extraño, que hacía danzas con los árboles y las aves, era una situación muy solitaria y musical, con ese episodio recordé que alguna vez había querido ser un ave, pero luego cambié de opinión porque supuse que las aves siempre andan muertas de hambre, y eso no me hizo ninguna gracia.
Me quedé mirando a mi cachorro dando saltos y haciendo sonidos amigables con sus amigos, ese juego me parecía algo fantástico, nunca había visto una situación similar en humanos, digo, tratarse amigablemente, sin rodeos.
Siempre me había molestado la gente, toda la gente. Cada vez que estaba cerca de ellos me sentía de forma extraña, como si fueran vampiros chupando mi sangre, o aguardando estratégicamente el momento para hacerlo. Eso me cabreaba, a mi no me gustaba tener moscas alrededor. Las personas terminaban por me resultarme demasiado ilusas, y engreídas. Y eso era algo inadmisible para mí, hasta despreciable. Solo imagina las circunstancias, alguien que solo se considera como individuo inigualable e insuperable, es lo más desagradable y aburrido.
Alguna vez había leído que sólo hay una única enfermedad universal y todo el resto son sus manifestaciones: es la arrogancia, y su expresión extrema es egocentrismo, lo cual implica una la visión de si mismo apartada del resto, la ausencia de un enfoque de la realidad como un conjunto. No recuerdo de que venía, pero siempre me pareció muy acertado.
Como sea, me quedé largo rato sentada sobre la hierba húmeda, inspeccionando cada movimiento, a veces parecían luchas colosales, y otras eran sin duda danzas inmaculadas. Me quedaba fascinada.
Mi cachorro se acercaba de a ratos para supervisar que todo estuviera en orden, y luego se alejaba volviendo la mirada varias veces para comprobar que aún seguía ahí, aguardando fielmente su regreso. Eso nunca dejé de agradecérselo. No era ninguna insignificancia.